Frente al espejo: un ejercicio para afianzar nuestra confianza sexual

Pararse frente al espejo y reconocerse a sí misma siempre será un ejercicio difícil, ya que en ocasiones no queremos descubrir una imagen distinta de nosotras en el reflejo, esa imagen que cambia tanto afuera como adentro a medida que maduramos. No se trata sólo de ver cómo nos queda ese nuevo vestido, se trata de desnudarse, ver la desnudez y afrontarla. Enfrentar ese cuerpo y reconocer el paso del tiempo, del amor, de la vida y darse cuenta que no debemos temerle.

Parte de las inseguridades que enfrentamos como mujeres están relacionadas con nuestro cuerpo desnudo y la experiencia sexual. Para las mujeres el placer propio y el deseo han sido estigmatizados, estos son temas de los que no debemos hablar y es mejor negarlos. Nos hemos creído la idea que el erotismo de las mujeres es un mito que se debe negar hasta en la cama, un mito que sólo está presente como una fantasía y que sólo en ese universo es admisible. De este modo nuestra seguridad sexual, en ocasiones, ha estado supeditada a los buenos o malos comentarios que recibimos sobre esta. Algo así como una referencia comercial de que somos buenas amantes.

De acuerdo con la sexóloga Cecilia Díaz:

“El tema sexual para nuestra sociedad es un tema vetado, que ha sido relacionado exclusivamente con la reproducción, sobre todo para la mujer; parten de allí entonces algunas ideas erróneas que tenemos acerca de nuestro cuerpo, del permiso que no tenemos para sentir placer y se ha convertido en la vía para reforzar algunas ideas negativas que tenemos acerca de nosotras mismas”.

Ante esto, la pregunta es, ¿cómo afianzar la autoconfiaza sexual sin la aprobación de otro?

Aunque para esta pregunta las respuestas sean tan diversas como nosotras mismas, existen algunos elementos que nos ayudan en la construcción de nuestra propia seguridad sexual:

La autoaceptación

autoaceptacionAunque parezca un cliché, aceptarse a sí misma es uno de los principales elementos para reforzar la confianza sexual, saberse hermosa con plena conciencia de cada marca, cada señal, cada cicatriz. Aceptarse sin pensar en aquellos mínimos detalles que frente al espejo no nos agradan y que, en el fondo, hacen parte y nos hacen ser lo que somos.

 

Cómo sexóloga, Cecilia expone que “muchas mujeres tienen una relación negativa con su cuerpo, porque además de que ha sido un territorio muy poco explorado (no conocemos nuestro cuerpo), existen barreras que nos han impedido este autoconocimiento y que hacen parte de una educación sexual represiva, las diferentes experiencias de nuestra historia íntima, desde el momento en el que somos castigadas o vetadas ante la curiosidad de la exploración, lo cual es normal en las etapas del desarrollo”.

El autoconocimiento y la exploración

Los comentarios descalificantes acerca del autoconocimiento y la exploración, como un acto pecaminoso y la influencia religiosa en algunas ocasiones represiva, nos han llevado a formar pre conceptos negativos y distorsionados sobre nuestra sexualidad y lo más importante, sobre nuestro cuerpo.

 

Las emociones negativas derivadas de estas experiencias, como la culpa, la vergüenza, la angustia, pueden impedirnos posteriormente reconocer nuestro cuerpo como una fuente de placer.

A partir de estas y otras experiencias relacionadas con otros asuntos vitales, se construyen entonces algunos esquemas, que son estructuras extremadamente estables y duraderas, que se desarrollaran a través de la vida y que se reforzarán con nuevas experiencias, se traducirán en creencias incondicionales y sentimientos acerca de nosotros mismo, que determinaran incluso la forma en la que nos relacionamos con los otros – explica la doctora Díaz.

Para esto es necesario hacer una reivindicación del cuerpo como instrumento de placer y amor propio. Así como la atracción por una persona desata la seducción, asimismo debemos seducirnos, tener una cita con nosotras. Reconocer en nosotras eso que nos causa placer y sacar provecho de ello, esto reforzará nuestra confianza sexual.

Frente al espejo entonces, hay que preguntarnos “¿cómo me ve él?”: el espejo, es decir cómo me veo a mí misma y cómo acepto esa idea de mí que es cambiante con el tiempo y las vivencias.

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