Después de los 35 la vida es otro cuento

¿Te acuerdas de tu cumpleaños número 35? Supongo que no sabías que a partir de ese momento comenzaría para ti una época dorada, una etapa imparable de empoderamiento femenino, un momento que marcaría un equilibrio insospechado y anhelado durante mucho tiempo.

Bienvenida a la curva de la vida, te aseguro que recordarás este simbólico número de ahora en adelante y no creerás la felicidad y tranquilidad que trae consigo estar en el ciclo más importante de la existencia de toda mujer.

Tal vez nunca lo habías hecho consciente pero suceden muchas cosas curiosas y mágicas en esta etapa, después de los 35, sientes una conexión contigo misma mucho más fuerte y ya no te preocupa el qué dirán, por ejemplo, sé que en algún momento has recibido ineludibles opiniones y juicios mal intencionados acerca de la edad, y por supuesto de vez en cuando te has percatado de la mirada inquisidora de alguna inexperta veinteañera que erróneamente cree estar en la flor de la vida; además alguna vez has escuchado por reflejo cosas como: “¿Y esa vieja qué? ¿Por qué baila así?”, o si eres deportista has recibido comentarios como: “Qué bueno que estés jugando en el equipo de volley, hacía falta una veterana” y por último, tal vez el peor de todos los disparates que has oído: “Ay, pero qué catana tan conservada”.

Confieso que ahora todo eso me da risa y aunque a los 30, sentía que me ardían un poquito esos apuntes ácidos, ahora que he cruzado la barrera de los 35, este prodigioso número me ha hecho ver el panorama mucho más claro: la visión sesgada que tenemos en la “juventud” y algunas imposiciones sociales sobre la vitalidad y la belleza, no son más que espejismos, falacias y supuestos que se erigen sobre bases invisibles porque no han llegado a esta increíble época de la vida.

Ya no me preocupan esos comentarios y mucho menos me siento aludida con lo que la gente piensa de mí, finalmente comprendí que en realidad somos nosotras quienes estamos más vivas que nunca, bailamos como queremos sin pena, tenemos más energía para hacer ejercicio, no necesitamos meternos en sodio o en cámaras hiperbáricas para que procesos químicos nos dejen “conservadas”, sencillamente, ¡porque no somos unas salchichas enlatadas! En realidad nos vemos así de bien porque nos valoramos, porque cuidamos y apreciamos nuestro cuerpo, y además, porque pensamos mejor y más claramente (no olvidemos que la mente es el reflejo del cuerpo).

Quiero decirles que ahora aprecio más mi tiempo, soy capaz de identificar lo verdadero y descartar lo que parece engañoso, pienso antes de actuar, mejor dicho antes de hablar, resuelvo situaciones difíciles un poco más calmada, cuido mi salud porque sé que no todo es trabajo, me volví buena amiga de mis padres, estoy muy a gusto con mi personalidad, tengo toda la iniciativa para emprender nuevos proyectos, trabajo en lo que quiero y definitivamente soy una mujer mucho más segura y feliz. Puedo decir con orgullo que ahora mi closet está lleno de estilo y de prendas que realmente uso, tengo independencia y estabilidad económica, viajo muchísimo más, aprendí a decir “no” cuando era necesario, soy más sincera conmigo misma y me conozco mejor.

A todo esto se le suma una cosa más: ¡soy mamá! Siento que la maternidad ha sido una gran bendición que me acompaña en esta época en la que experimento esta sensación de bienestar; el amor incondicional, la responsabilidad y la alegría que me da ser madre, es algo que no puedo explicar, pero que sin duda me ha llenado hasta el borde de mí.

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Sin embargo, no creo que aquellas mujeres que no tienen o no han tenido hijos aún no estén plenas y felices, de hecho pienso que la realización personal de las mujeres no está ligada únicamente a la maternidad, es una decisión, un llamado y algo muy personal que está dictado únicamente por la individualidad, la percepción y el sentir de cada mujer.

Así que, ¿cambios después de los 35? ¡Por supuesto! La relación cuerpo y mente es más estrecha a medida que los años van pasando, la experiencia va suavizando cada vez más el alma y empieza a surgir una armonía entre el interior y el exterior, y aunque en la parte física es innegable que el paso del tiempo trae consigo detalles inevitables, como por ejemplo que a mí el guayabo me dura tres días, que ya tengo un par de cosillas que no están tan firmes y que mis “patas de gallina” ahora se notan mucho más, pienso que esto no significa que mi cuerpo se esté deteriorando, creo que es una manera perfecta y natural de mutar que nos demuestra que estamos frente a un nuevo ciclo en el que debemos cuidar mejor de nuestro templo, nuestro cuerpo.

Los cambios hay que ponerlos a nuestro favor, así que si mi metabolismo cambió, lo que debo hacer es comer más balanceado, estar más pendiente de los horarios, tomar más agua y hacer alguna actividad física. En cuanto a la piel, uso bloqueador y cremas ya que estoy más pendiente de prevenir manchas, resequedades y arrugas, mi cabello ahora es más consentido porque lo cuido más para que no pierda su brillo ni se caiga, las canas me las dejo, porque ahora me gustan así, aunque confieso que una que otra vez las he tinturado y por último pero no menos importante, quiero hablarles de un tema que no puedo pasar por alto: mi zona íntima, esa parte de mi cuerpo de la cual no tenía mucha conciencia, pero que ahora también cambió y por eso sé exactamente qué necesito para estar cómoda y segura.

Dicen por ahí que cuando lo necesitas lo aprendes, en mi caso fue: “cuando me pasó, lo necesité”.  Al ver los cambios de mi zona íntima empecé a tener una conciencia diferente, me di cuenta por mi ginecóloga que mi pH vaginal había cambiado y que el nivel de acidez había disminuido, no sabía que esto podría generar un ambiente propenso para desarrollar infecciones, empecé entonces a preocuparme más por el cuidado y la higiene de mi zona íntima, también noté que había un poco de resequedad en esta parte de mi cuerpo, la cual se manifestaba a través de una leve picazón que causaba algo de irritación.

Fue en ese momento cuando supe que necesitaba una solución y un producto que realmente satisficiera mis necesidades, así fue como encontré a Lights By TENA y a esta hermosa comunidad de mujeres más vivas que nunca. Supe que debía prestarle atención a la humectación de mi zona íntima y entendí que necesitaba una línea de productos que me brindara un cuidado íntimo acorde a mi edad, productos que realmente hubieran sido diseñados y pensados estratégicamente para mujeres como yo.

Puedo decir con certeza que en este momento de mi vida me cuido integralmente y me siento en armonía con mi vida, que haber pasado los 35 no es una tortura, sino la oportunidad de sentirme más viva que nunca.

¡Definitivamente después de los 35 la vida es otro cuento!

Atte: Una mujer de 35 +

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