El perfume, una expresión sensorial que dice mucho de ti

“Hay en el perfume una fuerza de persuasión más fuerte que las palabras, el destello de las miradas, los sentimientos y la voluntad. La fuerza de persuasión del perfume no se puede contrarrestar, nos invade como el aire invade nuestros pulmones, nos llena, nos satura, no existe ningún remedio contra ella.”

Patrick Süskind – El Perfume

Del latín per, “por” y fumare, “ a través del humo” , la palabra perfume se refiere a aquella sustancia aromática, generalmente líquida que se utiliza para dar buen olor.

Desde su origen se le ha atribuido un carácter sagrado, ya que antes se practicaba como un ritual de quema de ramas, plantas y flores que desprendían aromas para hacer ofrenda a diferentes deidades; se creía además, que a través del humo, los dioses podían establecer comunicación con los humanos.

  • Los egipcios fueron los primeros en utilizar fragancias en su uso diario, aplicando pomadas aromáticas en el cabello, utilizando hierbas y flores para baños y ceremonias religiosas.
  • Para los griegos el rito de ungir (aplicar aromas al cuerpo para purificarlo) era estrictamente necesario para participar en una fiesta o encuentro social.
  • Los romanos perfumaban todo lo que estuviera a su alcance, incluyendo a los animales de compañía.
  • En China, se acostumbraba rellenar pequeños sacos de tela con materiales aromáticos secos para mantener un buen olor en las casas.

 
La alquimia fue uno de los precedentes del desarrollo técnico de la elaboración de perfumes, que pudo consolidarse finalmente, con los avances de la química, gracias a las técnicas de destilación y extracción de aceites esenciales a finales del siglo XVI.

La industria de la perfumería se instauró con la invención de la síntesis química en la modernidad y hoy en día, más allá de ser una cuestión de vanidad, se ha convertido en una expresión cultural que refleja personalidad, estado de ánimo y empoderamiento.

Son diversos los elementos bases para extraer perfumes, entre las materias primas que se utilizan están: las flores (como rosa, jazmín, clavel y narciso), las plantas aromáticas (como lavanda, savia, romero y tomillo), las frutas (como naranja, lima, limón y pomelo), las algas y líquenes, las especias (como vainilla, cardamomo y clavo), las cortezas y raíces (como canela, jengibre y cálamo), los bálsamos y resinas (como incienso, mirra y estoraque) y las maderas (como cedro, sándalo y laurel).

 
Según su intensidad aromática se pueden clasificar en perfumes, eau de perfume, agua de baño, agua de colonia y perfumes splash.

Y así como los colores, cada esencia tiene propiedades y significados diferentes:

La canela, es estimulante y antiséptica; el cedro es calmante y armonizante, el limón es refrescante y purificante, la rosa es calmante, la salvia es antidepresiva, el jazmín es relajante y tonificante, el coco es relajante y estimula la creatividad, la menta es energizante y estimula el rendimiento cognitivo, la vainilla reduce la ansiedad y evoca tranquilidad.

Llevar un perfume por más común que sea, se convierte en un ritual único, ya que cada cuerpo tiene una reacción química diferente a cada sustancia. Además, este ritual, se convierte en un elemento que nos distingue y se arraiga a nuestra personalidad, comunica nuestra energía, nuestros gustos y nuestro estado de ánimo.

Los perfumes embellecen, armonizan y generan recuerdos. Podemos llevarlos como parte de nuestra esencia, así como podemos romper el mito y cambiarlos cada tanto, para darnos un nuevo aire y un nuevo look.

Cuéntanos, ¿Cuál es tu favorito?, ¿te atreverías a cambiar?

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